“Estaban en un ring de boxeo y los gritos eran ensordecedores mientras permanecieron allí. Cuando salieron del escenario, subieron una empinada escalera llena de policías, pero vi a un tipo saltar por encima de ellos y regresar con un mechón de pelo de uno de los Beatles. Fue un auténtico frenesí”.
Como todo fan de los Fab Four, Lynch también tenía su Beatle favorito y, como es de esperar viniendo del excéntrico artista, no era la elección más habitual. El cineasta tenía una inclinación especial por Ringo Starr, a quien no solo admiraba como músico, sino también por su compromiso con la espiritualidad, un aspecto fundamental en la vida y la carrera de Lynch. De hecho, mantuvieron una relación de amistad.
“Ringo Starr es el señor Paz y amor, y no solo habla de ello, sino que lo practica. Es un ejemplo de paz y amor, y una de las cosas que hace Ringo es apoyar a la Fundación David Lynch para que podamos brindar esta vida de Meditación Trascendental a personas de cualquier parte del mundo que la deseen”, reveló el director de Carretera perdida, demostrando que era su filosofía de vida lo que lo llevaba a admirarlo, incluso más allá de su virtuosismo musical.