Pero al regresar Ringo, Nicol quedó fuera del grupo. Lo despidieron con un cheque y un reloj de oro. La foto más recordada lo muestra solo en el aeropuerto de Melbourne, esperando su vuelo de regreso, mientras la fama se apagaba.
Intentó relanzar su carrera con su banda The Shubdubs, pero fracasó y terminó en la quiebra. Pasó por adicciones, divorcio y trabajos ocasionales, incluso en México, donde fundó una empresa de botones y grabó un disco en español.
Años después, Nicol confesó que reemplazar a Ringo había sido lo peor que le pasó: antes vivía tranquilo, después todo se derrumbó. Su historia quedó plasmada en el libro The Beatle Who Vanished y aún espera una adaptación al cine.
La tragedia de Jimmie Nicol: ser Beatle por trece días le dio fama instantánea… y le arruinó la vida.”