La grabación se llevó a cabo en cuatro estudios: Crystal Sound en Hollywood —donde se completó la mayor parte de «Songs in the Key of Life»—, los estudios Record Plant de Los Ángeles y Sausalito, y The Hit Factory en Nueva York. Wonder trabajó sin descanso durante esos largos meses, instando a sus colaboradores —incluso a figuras consagradas como George Benson, Herbie Hancock y Minnie Riperton— a seguir su ritmo y visión.
El resultado fue uno de los mejores álbumes del siglo, una obra que rompió barreras y que pone el foco en la vida en los barrios urbanos, la historia del jazz, la religión, la experiencia de la comunidad negra, la experiencia femenina y un amor inmenso hacia amigos y familiares. (La voz que se escucha en el final de «Isn’t She Lovely» —canción compuesta para ella— pertenece a su hija pequeña, Aisha Morris). La música transmite, por momentos, alegría, ira, tristeza y romanticismo. Wonder acertó de pleno al titular el álbum «Songs in the Key of Life» (Canciones en la clave de la vida).
Desde el tema inicial, «Love’s in Need of Love Today», la música suena más plena y más controlada que cualquier cosa que Wonder hubiera grabado anteriormente. Con el paso de los años, su estilo se había vuelto más pulido y menos espontáneo, una evolución que comienza precisamente aquí. Sin embargo, a diferencia de algunos de sus discos posteriores —que a veces parecen carecer de espacio para respirar—, estas canciones rebosan vida y poseen una sonoridad envolvente, digna del último álbum propiamente dicho de Wonder en una década en la que se consagró como un artista inigualable.
Algunas de las mejores canciones del álbum se convirtieron en éxitos: «I Wish» y «Sir Duke» alcanzaron el número 1 estadounidense, mientras que «Another Star» y «As» llegaron al Top 40. No obstante, la riqueza del disco se percibe de principio a fin a través de la variedad de sus temas: «Knocks Me Off My Feet» y «Joy Inside My Tears» son canciones de amor, mientras que «Pastime Paradise» y «Black Man» tienen un carácter más político. El resto del álbum se sitúa entre ambos extremos, aventurándose en géneros como el pop, el jazz, el soul, la new age, el funk y el rock para lograr su propósito. Incluso con su ambiciosa extensión —dos LP y un EP—, el ritmo del álbum rara vez decae.
«Songs in the Key of Life» debutó en el número 1 del Billboard 200, convirtiéndose en el tercer álbum de la historia en lograrlo hasta ese momento (los dos anteriores fueron de Elton John, con los discos que lanzó en 1975: «Captain Fantastic and the Brown Dirt Cowboy» y «Rock of the Westies»). También ganó el Grammy al Álbum del Año, repitiendo el éxito de los dos LP anteriores de Wonder, y ha vendido más de 5 millones de copias a lo largo de los años.
No es de extrañar que Wonder no pudiera mantener ese ritmo. En cierto modo, «Songs in the Key of Life» fue su vuelta de honor tras la década en la que se convirtió en leyenda. Completó los años 70 con una obra que funcionaba casi como una banda sonora, «Journey Through the Secret Life of Plants», antes de iniciar los 80 con «Hotter Than July», un álbum de planteamiento más sencillo pero igualmente excelente. Pero incluso teniendo en cuenta la lista de logros de Wonder —un single número uno cuando apenas entraba en la adolescencia, canciones atemporales creadas como parte del formidable elenco de Motown en los años 60 y aquellos álbumes de los 70— que condujeron a este momento, «Songs in the Key of Life» fue un disco irrepetible.
Eso quedó bastante claro casi de inmediato. Y lo ha sido aún más con el paso de los años.