"Una sesión habitual con los Stones comenzaba a las ocho de la noche. Yo llegaba al estudio cerca de las 7:15 e, invariablemente, encontraba a Charlie [Watts] esperando pacientemente en la sala de control. Unos minutos después se unía Bill [Wyman], ambos puntuales como un reloj, siempre listos para tocar a la hora acordada. Mick [Jagger] y Brian [Jones] llegaban alrededor de las ocho, y después era cuestión de esperar a Keith. Este retraso podía ser de media hora o hasta las seis de la mañana. Nadie decía nada, sabiendo que era inútil y aceptando eso como el estado normal de las cosas".
El problema de Johns no era solo la impuntualidad de Richards. En una entrevista con Rick Beato, recordó que, una vez que finalmente aparecía en el estudio, tampoco compensaba el tiempo perdido; al contrario: podía quedarse horas, y hasta días, trabajando sobre la misma progresión de acordes sin avanzar, sin dar información sobre cuánto faltaba ni mostrar intención de apurarse. "Keith raramente me hablaba. La única vez que lo hacía era, probablemente, para criticar lo que yo estaba haciendo", comentó.